Frederico Grey Volkov
El golpe llegó en el peor —o quizá mejor— momento posible.
«¿Liliana…? ¿Estás ahí?»
La voz de Alex resonó por el pasillo, cargada de una preocupación que sonaba casi genuina.
Liliana se quedó congelada contra mí, con los ojos muy abiertos por el pánico y su coño empapado aún contrayéndose rítmicamente alrededor de mis tres dedos gruesos. No me detuve. Al contrario, los curvé más profundo, acariciando ese punto sensible dentro de ella con lentitud y precisión deliberada, mi