Capítulo treinta y uno.
Mi mujer
Dante.
Debía reconocer que perdí el norte por unos escasos minutos con Antonella, pero ella era una mujer en quien podía confiar plenamente. Era una mujer transparente, sus ojos no podían mentir y sería un completo canalla si pensara de ella lo contrario.
Luego de nuestra pequeña discusión que provoqué y la llegada al hospital, Carlo fue dado de alta, y tal como Antonella había mencionado. La cuenta del hospital estaba saldada, el amargo sabor de boca bajó por mi garganta.
No conocía q