Mantengo la mirada perdida al frente, hacia la puerta del quirófano, esperando que alguien salga, quien sea, para darnos noticias. Steven se mantiene en silencio a mi lado; me ha propuesto ir a comer, traer ropa limpia e incluso irme a casa a descansar, asegurándome de que me llamaría. Volteo a verlo con ganas de arrancarle el cabello; no ha dicho nada hasta ahora, y han pasado más de dos horas. Ya no sé qué hacer para distraer mi mente.
El sonido de una puerta al abrirse me obliga a concentrar