Mantengo la mirada perdida al frente, hacia la puerta del quirófano, esperando que alguien salga, quien sea, para darnos noticias. Steven se mantiene en silencio a mi lado; me ha propuesto ir a comer, traer ropa limpia e incluso irme a casa a descansar, asegurándome de que me llamaría. Volteo a verlo con ganas de arrancarle el cabello; no ha dicho nada hasta ahora, y han pasado más de dos horas. Ya no sé qué hacer para distraer mi mente.
El sonido de una puerta al abrirse me obliga a concentrarme, pero no fue la puerta frente a mí la que se abrió; una punzada de decepción me incomoda en el pecho.
— ¿Señora Milligan? —no tengo idea de quién pertenece esa voz, no me interesa quién la emite, no volteo a ver al extraño. Steven es quien se levanta.
— ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? —Steven le pregunta con voz tranquila, y el sujeto se detiene cerca de nosotros.
— Soy Dom, amigo de Jonathan… nos conocimos en un club hace semanas.
Muevo la cabeza en su dirección; el nombre de Jonathan llama mi