Los gritos de su madre desgarraron el silencio de la noche y evocaron un miedo que era el peor de todos. Los miedos de los adultos eran diferentes a los de los niños. Perder el empleo, no ser lo suficientemente bueno en lo que se hacía o no poder pagar a tiempo las cuentas son miedos adultos, los niños a lo que más temen es perder a sus padres y quedarse solos. Y cuando su madre gritó mientras el hombre lobo la sujetaba, Alana temió jamás volver a verla. Su miedo se hizo real y ahora regresaba