Capítulo treinta y tres.
Después de asear a mi bella durmiente, me puse a leerle algo, pero vuelvo a ver que ella mueve su mano, me acerco a ella y la veo abrir poco a poco sus hermosos ojos, Dios mi hija está despertando y no saben la inmensa alegría que siente mi corazón en este instante.
Ella parpadea un par de veces, para acostumbrarse a la luz de la habitación, al verla mis lágrimas no se pueden controlar y comienzo a llorar.
- ¡OH mi cielo por fin despiertas! Mi vida no sabes cuanta falta nos has hecho
- Ma...