— ¿Edan? ¿Por qué no me dijiste lo de tu padre?. — Insistió Alma, haciéndolo reaccionar de su ensimismamiento.
— Eso fue… Yo… Me enteré hace poco, fue algo de último minuto y… Quería encontrar el momento correcto para decírtelo… — Contestó, finalmente, con una expresión seria. Alma asintió, sin embargo, no quedó del todo muy convencida por su respuesta.
— ¿Por qué?.
— ¿Qué, por qué?. — Edan tragó grueso, temiendo la reacción de ella o su posible negativa. — Alma… Posiblemente, esto cambie la