El restaurante era tan hermoso como el resto del resort, elegante, lleno de luces, con cristalería fina, todo parecía brillar para los ojos de Alma.
Mientras que, para los ojos de Edan, quien más brillaba en todo ese salón, era Alma, quien llevaba un hermoso vestido rosado con bordados.
La pareja recién casada cenaba acompañada de los Walton y aunque para Edan, la charla era tediosa, para Alma, estaba entretenida, puesto que, nuevamente el champán, le había dado más seguridad en sus palabras.