Te deseo a tí...
Edan deslizó a Alma con mucho cuidado, dejándola sobre la cama, incorporándose él, por encima de ella.
Sus cuerpos se pegaban cada vez más, sus besos eran cada vez más intensos, al punto que, casi, se quedaban sin aliento.
Las manos de Edan se deslizaron, con mucha calma, por todo el cuerpo de ella, explorando, reconociendo, mientras que Alma, seguía aferrada en su cuello, en un abrazo inagotable.
Ella no era tonta, aunque tenía algo de miedo, Alma sabía, que lo que pasaría entre ellos, ya