Juntos y tomados de la mano, Alma y Edan caminaron directamente hacia aquella mujer, la que Alma había visto antes acercarse a Edan.
Angélica, la madre de Edan, al verlos llegar, se levantó de inmediato.
— ¡Edan! ¿Por qué tardaste tanto?. — Se acercó a ellos.
— Lo siento mamá, fui por mi novia… — Edan señaló a la joven a su lado, quien de inmediato, estiró la mano hacia la mujer. Angélica la miró de arriba hacia abajo, con la boca abierta.
— Mucho gusto, soy Alma. — Sonrió tímidamente, no