Desperté en un sitio totalmente familiar para mí, estaba en la casa de mi madre. Casi no podía respirar, tenía una presión en el pecho que se hacía más grande conforme pasaban los minutos. Temí no poder seguir respirando y morir ahogada.
—¿Sara? —preguntó una voz, entrando a mi cuarto.
Reconocí de inmediato a mi madre, que tenía una taza de té en sus manos. Su mirada llena de amor me hizo sentir culpable, por alguna extraña razón.
Intenté recordar que había pasado, porque me sentía tan mal. Per