Suspiro de alivio al ver que ella se mueve y que me mira a los ojos. —Oh... Elizabeth, Dios mío.— No puedo describir la emoción que siento por verla despierta y sana, viva. Me levanto y camino hacia su cama, quiero tenerla cerca, eso aliviaría mi miedo.— Despertaste, cielo.— Comento alegre de que esos bellos ojos estén abiertos, además me miran llena de felicidad.
Alza la mano para tocarme y al mismo tiempo se decica a darme unas palabras de aliento —Tranquilo, estoy aquí, contigo.— susurra co