La mirada de mi madre me atormentara al menos toda la vida o eso es lo que creo. Mantengo las manos calmadas, apaciguados, pues tengo ganas de darle un golpe al volante como todo un hombre desubicado y enojado, pero no vale la pena ponerme como loco, eso solo asustaria más a mi pobre madre. Así que respiro hondo.
—Mamá, en serio debo de irme.— Hablo tranquilo y en un tono bajo, pero audible.— Ya no quiero dejar más tiempo a Elizabeth sola, por favor, necesito irme.
—No quiero que te vayas sin q