—Ven— tomo el brazo de Salma y la llevo al mismo lugar en donde estaba hace unos minutos. Ella esta asustada, puedo sentirlo en la forma en la que respira, además de que con esos zapatos a penas y puede caminar a mi par.
—¿Qué pasa? Le voy a decir a Elizabeth —me amenza, pero no le tengo miedo. Ella no va a hablar nada.
—Mira— empiezo a decir cuando por fin me doy cuenta de que ya estamos bastante lejos de todos. Eso es lo que 1quiero, que nadie nos puede escuchar. —¿Salma, verdad?— agitada a