La sala se sumió en un silencio profundo cuando las cuatro mujeres entraron en la estancia. Sin embargo las expresiones de cada rostro hablaba más que las palabras. Noah y David no entendían nada. Fernando tenía una expresión de desasosiego y Bibiana, Bianca, Valeria ya no sabía como se llamaba la mujer a la que había llamado madre durante tantos años, ardía de furia. Furia cruda y pura.
—¿Cómo estás, hermana? —fueron las palabras de quien Valeria suponía era su madre—. Por lo que puedo apreci