—Necesito que me dejen a solas con Valeria, por favor.
Nadie absolutamente nadie se dispuso a contradecir la orden de Valentina. No solo por el hecho de que estaba convaleciente. Sino por la simple razón que muchos conocían el lazo que unía a las gemelas. Noah le dio una breve mirada a su esposa antes de encaminarse a la puerta.
—No deberías alterarte, sirena —le advirtió David desde la cama adyacente. Por suerte o por desgracia no podía moverse sin descontar la bolsa de suero que estaba pegad