Capítulo 75. ¡Salven a mi bebé!
Con la visión emborronada por sus propias lágrimas, Lizbeth caminaba por el pasillo, sintiendo que la distancia o el recorrido era más largo que nunca. De repente, sintió un inmenso dolor en la parte pélvica de su vientre.
—¿Qué está pasando? —exclamó con un quejido al sentir que ese dolor se intensificaba en fracciones de segundo, como si un sinfín de dagas estuvieran siendo clavadas en esa zona de su cuerpo al mismo tiempo.
Se dobló ante las intensas sensaciones, sus rodillas casi cediendo, a