¿Qué demonios le estaba pasando? Sentía la cara caliente, no solo las mejillas sino hasta las orejas, el corazón le latía con fuerza y tenía la respiración ligeramente acelerada, no le agradaba eso, en absoluto, no podía estar enamorándose de Cedric, se reprendió alejando esos pensamientos de ella e intentando mantener a raya sus reacciones, al fijarse bien en la habitación sintió una leve punzada de disgusto, incluso la habitación de huéspedes tenía más personalidad que la de Cedric.
El dueño