Circe
¡toc, toc, toc!
¡toc, toc, toc!
¡Din don! ¡Din don!
—¡Circe abre la puerta! ¡Circé, sé que estás ahí! ¡Circe!
Estaba en mi cama con Cosmos en mis brazos. No quería hablar con nadie, pero Ada me tenía cansada con su insistencia, todo el día estuvo llamando y enviado mensaje y ahora tocaba sin cesar mi puerta. Me levanté con desgano y fui a la puerta.
—Hola Ada. —Dije, abriendo la puerta
—¿Hola? Es lo único que me dices, te he llamado todo el día y no te dignas a responder ninguna de m