Silvia recogió varias bolsas con resignación, pero le faltaban manos para agarrar el resto.
—Ayúdame un poco —pidió.
De pronto sintió que sus manos se aligeraban. Daniel había tomado todas las bolsas y la seguía escaleras arriba.
—Señor Caballero, ¡déjeme llevar algunas! —intentó quitarle algunas bolsas.
Vivian y Lucía ya habían subido en el ascensor, mientras ellos esperaban el siguiente en la entrada.
Daniel se apartó.
—Yo me encargo.
—Señor Caballero, son demasiadas, deme algunas bolsas —insi