Leticia no necesitaba explicar su humillación. ¡Por simple dignidad, los Ferrero expulsarían a Silvia inmediatamente!
Roberta ya se había abalanzado sobre Silvia, con el rostro desencajado, olvidando por completo la elegancia que había fingido antes. Le gritó: —¡Desgraciada! ¡Haces cosas indecentes y encima difamas a mi hija!
Había costado tanto conseguir que Daniel asistiera; se había preparado durante tanto tiempo para este día. ¡Y ahora toda esa brillante fachada había sido destrozada por esa