Las palabras de Daniel la sacó del pensamiento profundo.
—No me lo agradezcas, solo recuerda que me debes un favor.
Silvia fue ralentizando sus pasos. Sabía que los favores de Daniel no eran fáciles de devolver, pero estaba segura de que lo haría.
—Señor Caballero, puede estar tranquilo. Los favores que debo siempre los pago. Aunque no sé en qué podría ayudarlo, le prometo que cuando lo solicite, me esforzaré al máximo para cumplirlo —los ojos cristalinos de Silvia lo miraron fijamente, decidida