Antes tenía un temperamento muy gentil, ahora estaba llena de aspereza, como un erizo que hubiera enderezado todas sus púas.
Sus labios se curvaron ligeramente, de esta manera sí se parecía a la Silvia incisiva de hace unos años.
Sonó el teléfono, tomó el celular y vio que era Daniel.
—Hola, Daniel.
Del otro lado la interrogó:
—¿Dónde estás?
—Estoy en una cafetería —dijo con voz suave.
La voz de Daniel se volvió cada vez más cortante:
—¿Con quién?
Ella tomó la taza de café, bebió un sorbo y la p