Silvia tenía la mirada perdida, clavada en esa figura que se acercaba. ¿Por qué ella también estaba ahí?
Silvia sonrió forzadamente:
—Señorita Cisneros, tú también estás aquí.
Milena sonrió suavemente mientras se acercaba al lado de Daniel, poniendo intencionalmente la mano en su brazo:
—Daniel me acompañó, ¿la señorita Somoza no se siente bien?
Silvia levantó su bolsa de medicinas:
—Sí, me siento un poco mal.
Milena levantó su propia bolsa de medicinas y sonrió:
—¡Ay! Tenemos la misma medicina,