Desde que Carlos salió de la comisaría la noche anterior, no había regresado a casa, sino que fue directamente al bar. Al principio solo se quedó sentado con la mirada perdida, pero a medida que el lugar se iba llenando, pidió una copa.
No necesitaba adivinar quién lo había denunciado, pero lo que no podía entender era: ¿Silvia realmente podía ser tan despiadada?
Recordaba innumerables momentos en que Silvia había sido dulce con él; sin importar lo que hiciera, ella siempre lo ayudaba con gentil