Esa noche no hubo tranquilidad en la casa de los Ferrero. Todo empezó cuando Leticia escuchó un rumor.
Rápidamente, dirigió la pantalla de su teléfono hacia las tres personas sentadas a la mesa.
—¡Mamá! ¡Carlos, Fátima, miren esto!
En la pantalla se veía a un hombre y una mujer bailando, abrazados, con la falda de ella ondeando al viento.
Aunque había muchas otras parejas bailando alrededor, Carlos reconoció inmediatamente a Silvia y Daniel.
Sus cubiertos temblaron ligeramente mientras tomaba un