De forma automática, decidió ignorar la apariencia ligeramente desordenada del cuello de su jefe y el despeinado cabello de la esposa del presidente, sin mencionar el traje que ella llevaba puesto, el cual, en un giro irónico del destino, pertenecía al propio CEO. Era un recordatorio evidente de la intrincada relación que los unía como esposos, a pesar de sus roles y responsabilidades en el mundo empresarial. Después de casi cinco años de matrimonio, ciertas situaciones inesperadas se habían vu