Las luces de la ciudad parpadeaban como si guardaran secretos. Tanto Paul padre como su hijo, estaban con el corazón acelerado, seguían cada pista que la policía le mostraba en las pantallas de vigilancia. Las cámaras revelaban fragmentos: un coche oscuro avanzando hacia la autopista, la silueta de una joven que se le hacía muy familiar a Paul iba al volante; en la parte trasera un hombre al lado de quien parecía Amelia, apenas visible, con la mirada perdida en la ventanilla.
El padre de Amelia