Barcelona - España.
El rostro de Malú se hallaba empañado de lágrimas al rememorar las palabras de sus padres, el pecho le dolió, regresando al presente.
—Mi papá presentía algo, por eso me dijo que volviera a casa cuando los necesitara —sollozó—, nunca confió en ti, juraste ante Dios que me amarías, y todo fue mentira —vociferó gimoteando.
Abel la tomó de la mano, deglutió la saliva con dificultad, sintió un pinchazo en su pecho al escucharla.
—Seré el hombre que te mereces, me ganaré la c