—Hola, preciosa —saludó Eduardo, sonrió ampliamente, con sus ojos la recorrió, se mojó los labios, y elevó una ceja al ver en dónde se hallaba sentada. Se aproximó y le besó la mejilla, inhaló su aroma a violetas, suspiró profundo.
—Buenas noches —contestó Malú, sintió un corrientazo cuando los labios de él rozaron su mejilla, se estremeció, frunció el ceño, eso jamás le había pasado antes con ningún otro hombre, excepto con Jorge, su primo, a quién amaba desde que eran niños, y quien en reali