—Ingeniero —expuso la voz de un hombre, haciendo que Abel detuviera el paso.
—¿Qué sucede? —indagó contrariado.
—Tenemos problemas, no han gestionado los permisos en la alcaldía, y no nos permiten evaluar la zona.
Abel sacudió su cabeza, se le había olvidado por completo su trabajo. Apretó los puños.
—Estoy bien —respondió, y tosió un par de veces intentando recuperar el aliento—, no lo recordaba, ya mismo soluciono eso —masculló muy a su pesar, sacó su móvil y llamó a Leticia.
—Hola cariñ