Los minutos se hacían eternos para Abel, su corazón se sentía al borde del abismo, no sabía que iba a pasar al instante en que Malú despertara.
«¿Se acordará de todo lo que hice?» se cuestionaba mientras le sostenía la mano, y la contemplaba con ternura.
—Ojalá puedas entenderme, bonita —susurró y deslizó sus dedos por la sedosa piel de ella, así permaneció a su lado velando sus sueños.
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Al día siguiente.
—¡No te me acerques! —gritó Malú, despertando de golpe. Varias gotas de sudor apare