Agentes de la policía colombiana, especializados en secuestros, llegaron hasta la hacienda, Abel les informó sobre la llamada de Martín.
—Debemos esperar a que vuelva a comunicarse y rastrearemos la llamada.
—¿Esperar? —cuestionó Abel con desesperación, tiraba de su cabello angustiado. —¿No se dan cuenta de que ese loco, puede hacerle mucho daño a mi mujer? —vociferó, caminaba por el salón como un animal enjaulado.
—Son los protocolos —espetó con seriedad un agente—, nosotros sabemos lo que