Capítulo 108: Amores que matan, nunca mueren.
El corazón de Eduardo dio un brinco en el pecho, sacudió la cabeza, pensó que todo era una alucinación, y que estaba soñando despierto. Miró en la mano izquierda de Mafer el anillo que él le colocó en las flores.
—¿No vas a decir nada? —reclamó Mafer.
—¿Eres real? —indagó él, aun sin poder reaccionar.
Mafer arrugó el ceño.
—Claro que soy real, y vine a buscarme, me has hecho correr por todo Manizales —resopló.
Eduardo soltó el aire que estaba conteniendo.
—Debo comprobar que no estoy soña