54. Tonta, deja de llorar.
Debía irse, todo había Sido, una completa locura y un sin sentido, ella no debería haber aceptado viajar hasta Francia, ciertamente era muy inconsciente, como podía haber ni siquiera aceptado la idea de acompañar a un hombre que apenas conocía a la otra punta del mundo y pensar que saldría bien.

«No, no debí aceptar jamás sus estúpidas condiciones, ni su estúpido contrato.»

Se recriminó, mientras llegaba por fin, a la habitación donde estaban todas sus cosas y que había compartido con él.

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