Greg hizo que entrara a su casa que no era más grande que la de Leo pero igual de acogedora.
—Greg —lo llamé tomándolo de la mano verdaderamente aliviada.
Si él no me hubiera contestado no sabría qué hubiera pasado conmigo.
Él se dio la vuelta para mirarme y yo le sonreí a medias.
—Gracias por esto, de verdad.
Greg me devolvió la sonrisa dándome una suave caricia en mi mejilla antes de dejar caer su mano.
—No tienes nada que agradecer, eres parte de mi familia. Espero que lo sepas —dictó y fue i