Somos novios.
Rebeca abrió los ojos con una mezcla de confusión y resaca. La luz del sol se filtraba a través de las cortinas, y su cabeza latía como si un tambor estuviera tocando en su cerebro. Recordó la noche anterior: la discoteca, las luces parpadeantes, y como Kelvin la había invitado a bailar, y luego los besos.
—¿Qué pasó anoche, Rebeca? —preguntó Otniel, su voz grave y llena de preocupación—. ¿Por qué Kelvin te tiene en este estado?
Rebeca pegó un grito del susto que le dio su hermano, tanto que ha