Obsesión y fantasía.
Después de pasar la tarde con su amiga Rebeca, Alessia regresó a su casa. Su padre, Alexis, la recibió con una gran sonrisa.
—¿Cómo te fue? —preguntó el hombre.
—Bien, papá. Ya más o menos tengo la idea para mi pasarela.
—¡Qué bueno! La cena está lista, hija. Termina de llegar para que nos acompañes.
—Papá, no creo. Acabo de comer con Rebeca y estoy un poco cansada. Quiero dormir.
—No te preocupes, descansa. Le diré a tu mamá que ya cenaste.
Alessia asintió con un movimiento leve y se perdió en