Confesión.
—¿Cuándo podré disfrutar de una buena compañía con mi alocada hermana? —preguntó Otniel con una sonrisa.
—Hola, campeón —Rebeca alborotó el cabello de su hermano cuando él se acercó para darle un abrazo—. ¿Te parezco alocada? Ja, ja, ja.
—Por supuesto, eres una loca suelta. Te extraño, lo sabes.
—Siento como si me reprocharas algo.
—Es que ya no quieres salir del hospital; te he visto muy poco en casa y me siento abandonado por mi hermana mayor.
—Tonto, sabes que mi profesión es así.
—No, tú ha