No la despida.
—Por favor, Doctor Garnier, no la despida —decia una nerviosa América, la jefa de las secretarias.
—¿Por qué? —Gerald estaba muy enojado, no podía permitir a personas así en su empresa—. La señorita González me ha visto la cara y no cumplió con mi petición.
—Quizas se equivocó en los papeles, pero no creo que lo hiciera con mala intención.
—¿Es eso así? —Gerald fijo su mirada en la secretaría que temblaba como un pollo, no lo convencían esas excusas.
—Si, si doctor, me confundí en los documento