Mi testigo.
—Papá, ¿por qué tu casa es tan chiquita? —pregunto un curioso Kelvin.
—¿No te gusta mi casa?
—Tu casa es como si estuviera en la sala de la mía.
—Haces que mi corazón duela —Rafael hizo una expresión de tristeza. —eres un mocoso malagradecido.
—ja, ja, ja no te pongas triste papá, tu casa es bonita, solo me la imaginaba más grande.
—Hablas como un loro, ¿lo sabías? Y no soy millonario como tu madre, así que aquí no conseguirás lo que tienes allá.
—Eso no me importa papá, porque es tu compañía lo