Niña malcriada.
Gerald fijo sus ojos en Anaís, a la vez que una sonrisa se dibuja en su rostro, en su mente se imaginaba distintas escenas, que quizás podrían pasar cuando estuvieran frente a frente.
—Puedes retirarte Medina —ordeno al ver que el joven no salía de la oficina.
—Sí, señor —El joven salió a la velocidad de un rayo, no podía darse el lujo de desobedecer a su jefe.
—Buen día, Señorita Tatis —saludo Gerald a la vez que caminaba hacia el escritorio.
—Bu... buen día —Anaís no pudo evitar tartamudear.