410. CORRIENDO PARA SALVARLA
ALESSANDRO:
Humberto no era un cobarde; “el dragón de fuego” parecía liderar esta región. Menuda ironía. El capo de capos de la mafia italiana estaba aquí pensando en formas de salvar a una mujer que no quería verme. Pero que me tenía corriendo detrás de ella para salvarla. Ella se había adueñado de mi corazón desde el primer día que se cruzó en mi camino, y, por Dios, que nadie iba a arrebatármela.
—Corramos, Rufo, debemos irnos —salgo corriendo a todo dar rumbo al helicóptero mientras le g