180. LA CONFESIÓN DE ALESSANDRO

LILIAN:

Abrazada al cuerpo de Alessandro debajo del agua de la ducha, sentía que volvía a vivir a medida que mi cuerpo entraba en calor. Pero había un órgano del mismo que permanecía frío. Mi corazón se había congelado, roto en mil pedazos, y me sería muy difícil volverlo a unir, o eso pensaba en ese instante. Por lo que me aferré a Alessandro; él, mejor que nadie, sabía cómo me sentía. Su corazón estaba roto como el mío. Por eso, permanecer juntos fue la mejor opción que encontré.  

Deslicé mis piernas, liberando su cadera hasta apoyarme en el piso, y comencé a besar suavemente su pecho, que aún latía acelerado. Él seguía abrazado a mí con fuerza, respirando agitado. Aflojó su agarre al sentirme, separándome de su cuerpo, me tomó por los hombros.  

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