RUBI MONTENEGRO
Yo no lograba mirarlo. Si miraba a los ojos a ese hombre ahora, mis ganas serían romperle la copa de cristal en la cabeza. Después del apoyo que Ares me dio en el camerino, después de aquel beso en el que creí y me entregué como una idiota, lo primero que hace es coquetear con la primera mujer que le da entrada.
— ¡Yo no estaba haciendo nada! — soltó Ares, golpeando la palma de la mano en la barra del bar. — Esa francesa atrevida se sentó en tu silla, se me lanzó encima y me pus