RUBI MONTENEGRO
El auto se detuvo frente al lugar del evento y, por la ventana polarizada, vi el ejército de fotógrafos. Los flashes se disparaban como relámpagos constantes. Mi estómago se hizo un nudo. Mis manos, sudando frío, apretaron la delicada tela de mi vestido.
— Respira, Rubi — dijo Domenico a mi lado, sosteniendo mi mano como forma de apoyo. — No debes sentirte insegura porque eres la estrella de esta noche. Ellos están aquí por ti.
Lo miré y asentí. Tenía razón.
La puerta se abrió.