Paolo no quería perturbar el descanso de Loredana, pero tampoco veía otra opción. Se había oscurecido y la temperatura había comenzado a descender. La manta que había cogido para cubrirlos no sería suficiente dentro de poco.
Abrió la boca, pero ningún sonido salió de ella. Quería disfrutar tan solo unos segundos más observándola.
El día había ido mejor de lo que esperaba, eso si no contaba el pequeño arrebato de Loredana.
Sonrió.
Ella tenía carácter y no aguantaba nada de nadie. Unos minutos en