—Malcolm… —murmuro Arianne, sin control a punto de gemirlo, de gritarlo. Cada movimiento era más rápido, rudo y más cercano a la agonía. Su mente perturbada mantenía sus ojos cerrados y envuelta en estrellas y mareos.
Malcolm era duro y caliente.
Ryan no podía dormir, solo pensando en el beso que le robo a la pecosa, cada beso era mejor que el anterior, estaba obsesionado con ella, con hacerla sentir lo que un hombre verdadero le podía hacer sentir, era tan fácil seducirla.
Se estaba volviendo