Arianne cubrió con sus manos una sonrisa, limpio una lagrima que bajaba por sus mejillas, sus ojos era unas chispas increíblemente brillantes y saltarinas, abrió sus brazos y se lanzó sobre él, con una felicidad, Malcolm apenas conseguía controlar a su pequeña chiquilla traviesa que casi lo derrumba hasta el piso.
Cayó en el sofá con Ariane sobre él, ella no paraba de besarlo, y de apretar su rostro.
Lo lleno de besos, y miro sus ojos entre beso y beso.
—Oh, oye tranquila caramelito, estoy bie