Meredite no puede creer que acaba de presenciar a su hijo gritándole a su prometida. Se acerca a Madeline y la ve llorando como una niña.
—Querida, ¿por qué no me cuentas qué pasó? Los dos parecen tan afectados.
—Solo fue un malentendido, suegra. Nos dijimos algunas cosas que terminaron hiriéndonos mutuamente —explica Madeline sin dejar de llorar.
—No lo entiendo. Nunca había visto a mi hijo hablarle de esa manera a una mujer ni a ninguna otra persona —dice Meredite, completamente desconcertada