Después de varios minutos conversando a solas, las dos amigas tienen que dar por terminada la charla cuando Silvia y George entran en la habitación.
Alice mira a su padre con los ojos llenos de esperanza.
—Papá, dime cómo está ella, por favor —suplica, intentando incorporarse una vez más en la cama, pero Laila y Silvia la detienen sujetándola.
—Hija, cálmate. No puedes hacer movimientos bruscos —dice Silvia, intentando tranquilizarla.
—Quiero saber cómo está mi hija —dice con la voz llena de an